El
5 de Marzo, la tristeza nos dió para mirar al suelo... aquel golpe del
Adiós repentino de un cuerpo que encarnaba voluntades de legiones de
soñadores, no reparó en ser fulminante, en sacarnos de nuestras rutinas,
nuestras certezas diarias, aquel andar ensimismado de diligencias,
tareas, de hábitos. Tarde, noche y madrugada de nostalgia repentina, de
impotencia, de desamparo y desconcierto. Otra, tarde, noche y madrugada,
como tantas, en la vida de Venezuela y de América.
La
mañana del 6 llamó al encuentro concertado, aun cabizbajos, atendimos a
una concentración de características únicas, aunque paradójicamente
parecida a tantas otras... Las miradas que otras veces se encontraban en
camaradería alegre, contesta, voluntad y ánimo, ese día se encontraban
en los buses, andenes y aceras con la certeza de lo perdido, del dolor
ardiente, pero con una solidaridad abrumadora, de ganas de resguardar lo
luchado, lo amado y lo conocido... Esa mirada conocida, de ese gigante
de la patria, de nuestro Chávez, que ya sabíamos, se había apagado para
siempre, pero que continúa plasmada en el pecho de millones que lucharon
con él.
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| Foto: Camilo Artaza |
Chávez
se entregó por entero, a consolidar estrategias para la Patria Nueva,
de su mano, nos atrevemos a decir, Venezuela conoció no sólo una nueva
manera de hacer política, sino que quebró paradigmas en el hacer y
sentir de las actividades cotidianas, Hugo Chávez construyó junto al
pueblo venezolano una nueva forma de mirar, de escuchar, de comprender
las cosas. Mirar, mirar de cerca cada fenómeno y no sólo ser crítico,
sino ser comprensivo y prospectivo, de admirar cada logro en su justa
dimensión, como un paso certero en la avanzada hacia un horizonte
amplio, colectivo, multitudinario.
Aprendimos que cada actividad, por técnica o demandante que fuese, debía ser emprendida con orgullo y cabalidad, aprendimos a llevar el corazón al trabajo, a no negociar nuestras emociones por el pragmatismo, a luchar y mirar de frente, aun con lágrimas en los ojos como éstos días del Marzo incipiente. Allí, en aquella caravana, convertido en un doble movimiento de encuentro y despedida, de nuevo, cambiamos la mirada, nos encontramos con un futuro que nos alcanza con una ausencia gigante, pero con la obligación de continuar con la fórmula por siempre inacabada para revolucionar la vida de la Patria y de todxs en cada paso, la obligación de mirarnos de cerca como colectivo, de reconocernos en los ojos, los del alma y los del pecho, estampados para siempre por la obra de Hugo Chávez.

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